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jueves 3 de septiembre de 2009

Norman Briski: "No soy más judío ni peronista ni izquierdista"

Norman Briski: actor, director y autor

Tiene cinco obras en cartel; es el psicólogo de Tratame bien; el jueves estrenará en cine Los chicos desaparecen, y dice no saber si se está muriendo o naciendo para otra cosa…
Por Carlos Pacheco
Para LA NACION



Cinco proyectos lo tienen en este momento como director. No actúa en ninguno y esto le parece "algo exótico". Norman Briski hoy despunta el vicio de la actuación en TV y eso puede parecer extraño (también lo hace en el cine: el film que protagoniza, Los chicos desaparecen, de Marcos Rodríguez, se estrenará pasado mañana en las salas). Pero el psicólogo que interpreta en Tratame bien, por El Trece, es el único pequeño espacio que le ha dado a su ser actor. "Y lo paso fenómeno ahí con Cristina Banegas, Julio Chávez y el resto de la gente Es que mi práctica escénica hoy se da por los lugares de la dirección".

Y también por la divulgación de su producción como dramaturgo, ya que varios de los trabajos que presenta son de su autoría. Un campo que ha venido desarrollando con fuerza en los últimos años y que lo llevó también a publicar sus textos. Sin ir más lejos, acaba de estrenar en Calibán, su espacio, Cabezas trocadas, una peculiar obra en la que la magia y la política parecen darse la mano.

El creador dice que "al teatro uno no lo hace cuando se lo propone sino cuando las cosas se dan. Este es el único país del mundo donde muchísima gente está trabajando sin otro interés que jugar con esto que es tan lindo y que es el teatro. ¿Pertenezco a una raza en extinción? No da la sensación porque el teatro como deporte sigue muy vivo".

¿En eso también entra tu experiencia de dramaturgo?

Es un placer muy distinto al de la actuación y la dirección. Lo paso bárbaro. Ojalá pueda tener más tiempo para escribir, aunque va a venir solo, porque una gamba no va a querer andar más o un brazo tendrá su problema. Y ahí me dedicaré de lleno a la escritura. Probablemente vaya amasándome con la escritura, como un varón domado que escribe. Recién ahora da la impresión de que escribo bien. Me doy cuenta de que las palabras se parecen a lo que uno piensa cuando les das tiempo. Las palabras tienen su propia iniciativa. Por suerte he vivido el tiempo social histórico de la lengua anterior a esta informática. Hubo un momento en que los hombres pusieron la lupa en el lenguaje. Adoro a Benjamín, a Roland Barthes, a Jean-Paul Sartre, a toda esa gente que me ha dado un instrumento humanista del lenguaje, no un instrumento posmoderno del lenguaje. Con la informática aparece ese vaciamiento tan doloroso.

En general, tu creación dramática se liga a mundos de profunda oscuridad. ¿Por qué?

Los bordes, la marginación, tienen mucha más vitalidad para develar lo alienados que estamos. Mirar la locura, sentirla e interpretarla es siempre una novedad. Uno se acerca a esos lugares porque sabe que va a desafiar algo, que incluso va a tener miedo.

De alquimias

Cabezas trocadas surge a partir de conocer la experiencia de un alumno que es mago. A Norman Briski le fascinaba ese trabajo y decidió escribir una obra en la cual un truco resulta provocador de una gran inquietud. "Escribí la historia de un tipo al que le cortan la cabeza y la ubican en el cuerpo de otro. Cuenta: Unas lecturas de Deleuze me aproximaron otras cuestiones referidas a la cabeza. Deleuze desarrolla la potencia de la cabeza como un huevo. Cuando tiene miembros, cuando tiene partido (miembros del partido), cuando tiene órganos (organización), pierde la potencia. Con esa idea política y la idea del mago apareció algo que termina relacionándose con algo amoroso. Es como si me dijeran hoy « ¿darías tu cuerpo para que el Che se levante?»."

En tu espectáculo anterior, La posta de los generales, también partías de cierta iconografía política de los años 60, la ponías en el presente y eso provocaba una severa reflexión. Es como si necesitaras mirar para atrás, generacionalmente, y confrontar aquellas cuestiones con el presente...

Algunos me cuestionaron mucho ese trabajo. Eran dos personajes que ya no hay en la realidad. Esos que quieren usar su potencia celular revolucionaria y ya no pueden. Y entonces, ¿qué pasa con ellos? Se mueren. Un amigo se da cuenta y le dice al otro: "Volvamos a plantear la posibilidad de convocar a una marcha". Yo creo que la convocatoria es extremadamente coherente. Que yo vaya a Plaza Italia y empiece a convocar una marcha hasta Honduras, por ejemplo. Por qué nosotros, como pueblo, no marchamos en contra de esta toma de poder arbitraria. Me parece coherente. Hay una idea de sensatez: es el cuándo. En el amor y en todo hay un cuándo. Y también hay una cobardía. Probablemente hoy sería el cuándo, pero tenemos miedo. Si hoy me dicen qué modificaría de este país, diría que una gran marcha. Convocaría a una gran marcha para tener un país en serio y sin ninguna bandera política.

¿Ves muy mal al país?

Lo veo terrible. No hay ninguna luz al final del túnel. Me da bronca que siendo latinoamericano no tenga una idea más liberadora. Y no soy beckettiano, soy más bien denunciante. No soy más judío, no soy más peronista y no soy más izquierdista. Al no ser más, o me estoy muriendo o estoy naciendo para otra cosa.

Es muy doloroso haber perdido todo eso...

Son cosas que uno puso: trabajo, abnegación, despojos, todas cosas lindas, y uno ve que van a parar al carajo. Ahora siento que soy más anarquista. Me parece que llegué al lugar al que llegamos todos, nos cuesta caminar. Leo mucho a Walter Benjamin y él ya lo había dicho: el progresismo es una catástrofe. Y lo dice él, que es como el papá que uno hubiera querido tener. Pero uno siente que no está solo, porque encuentra muchos jóvenes que todavía no se infectaron de organización o de partido.

Norman Briski es un nombre que siempre ha estado ligado a un teatro de la resistencia, desde la actividad del grupo Octubre en los años 70. ¿Qué pasó con eso?

Sigue siendo. He trabajado con un grupo en la escuela Belgrano que hicieron cinco obras, con el grupo Maquinando de la Imprenta Patricios, me fui a Zanón [fábrica de cerámicas recuperada], en Neuquén, e hice un trabajo con los obreros. No hablaría de teatro de la resistencia sino de un teatro de los territorios liberados. La resistencia sería estar en contra de? y ellos están produciendo con un sistema económico que hace que esas bases de trabajo sean totalmente distintas. Son archipiélagos, como decía Eugenio Barba. Y es lo mejor que se puede hacer. Es el trabajo garantizado que no vas a entregárselo a nadie, sino a los mismos que produjeron el cambio.

domingo 5 de julio de 2009

Honduras. ¿Golpe de Estado o sucesión constitucional? Por Gregorio Cristóbal Carle




La progresía mundial, con el cinismo que le caracteriza, ha vuelto a rasgarse las vestiduras por los recientes e inciertos acontecimientos vividos en Honduras. Bastaría con observar qué mandatarios internacionales han ofrecido el incondicional apoyo al ya ex Presidente Zelaya para comprender su política, que ha pasado de las posturas liberales propias de los comienzos de su mandato –en el año 2004-, a un inusitado e insultante hostigamiento a los principios democráticos, la libertad, y la convivencia pacífica de un país al que tanto le ha costado alcanzar la estabilidad. Cuando menos serían sospechosos los constantes, urgentes e histriónicos llamamientos a la rebelión de los hondureños, realizados por los máximos representantes de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), un organismo político caracterizado por ser el juguete predilecto de Chávez para exportar su intransigencia filocomunista al resto de las naciones latinoamericanas.

Que nadie se llame a engaño…..lo que no debe olvidar la ciudadanía, y menos aún las instituciones internacionales que ahora se arrogan el derecho a no reconocer el nuevo statu quo de Honduras, es que Zelaya fue expulsado del país por violar flagrantemente sus leyes, intentando emular los pasos seguidos por esos cancilleres latinoamericanos que instrumentalizan la democracia para más tarde perpetuarse en el poder. Otro dato que debería ser tomado en consideración es el perfecto funcionamiento, la seguridad y la permanencia del sistema de división de poderes en Honduras, incluso en momentos de crisis institucional, algo que debería servir de ejemplo para muchos países avanzados, donde dicha estructura se ha convertido en una mera expresión semántica vacía de contenido real.

Es el poder judicial, a través de su máximo órgano de representación -la Corte Suprema de Justicia-, el que declara contrario al derecho establecido la arbitraria decisión de Zelaya de convocar la consulta en las urnas para votar la posible creación de una Asamblea Constituyente, y es el Parlamento, con la mayoría de los diputados del partido liberal- el suyo- en contra, el que también rechaza la ignominia política inspirada por sus acólitos bolivarianos. Finalmente es el ejército nacional - acatando las ordenes surgidas de la Corte Suprema y la Fiscalía-, el que en una acción sin violencia alguna procede a detener y deportar al nuevo iluminado de Honduras respetando escrupulosamente esos derechos humanos que la izquierda más radical tanto desprecia.

Un golpe suave que no ha deparado detenidos, a excepción de Patricia Rodas- canciller hondureña estrechamente vinculada al Presidente- y que además mantiene a buena parte de los ministros vinculados al antiguo régimen en el ejercicio de sus funciones… y que ni siquiera ha previsto el encarcelamiento del hombre que ha roto el orden constitucional.

Es evidente que la acción ha provocado una condena internacional generalizada, incluso el flamante Presidente de los EEUU, Obama en un acto de puro cinismo y autocomplacencia ha llegado a declarar: “El éxito de este golpe sentaría un terrible precedente para la región latinoamericana, que ha registrado tremendos progresos .No queremos regresar a un pasado oscuro en el que las asonadas eran frecuentes. Siempre queremos estar del lado de la democracia”. Hasta hoy yo creía que estar del lado de la democracia significaba cumplir y hacer cumplir las leyes que representan la soberanía del pueblo, porque es ese mismo pueblo el que se ha dado dichas normas en un acto de plena libertad.

Cabría entonces preguntarse ¿Acaso es ilegal o ilegítimo hacer uso de las prerrogativas que otorga la ley de leyes para recuperar el estado normal de cosas en un país donde su máximo mandatario rechaza respetar las normas y actúa arbitraria e irregularmente demostrando el mayor de las displicencias para con su pueblo?.....para esa gran masa que compone la progresía mundial la respuesta solo tiene una dirección…. si fuera Fidel Castro, Hugo Chávez o Rafael Ortega el canciller depuesto se trataría más bien de un execrable crimen contra la libertad, si por el contrario el elegido hubiese sido Álvaro Uribe se trataría de un acto justificado y justificable en la lucha de clases y el fin del capitalismo opresor.

Es de esperar que esas naciones bolivarianas, a las que tanto se les llena la boca de soberanía nacional y de ingerencia en asuntos internos, no lleguen a cometer la torpeza de tratar de influenciar en ya de por sí complicado proceso que está sufriendo Honduras en estos días… que se quede en las más que habituales bravuconadas y amenazas de algunos de sus dirigentes, por el bien de la región y su estabilidad democrática. En el mes de noviembre de 2009 está prevista la convocatoria de elecciones. Habrá que ser pacientes y aguardar para conocer la respuesta del pueblo hondureño… lo que parece evidente es que Zelaya estaba llevando al país hacia un abismo dictatorial….

Grupo de estudios Estratégicos (GEES), Madrid - Libertad Digital, Madrid
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viernes 29 de mayo de 2009

IZQUIERDISTAS. Nota de archivo.


¿Por qué siguen habiendo tantos izquierdistas en el 2007?
Por Nicolás Márquez


Desde hace ya varios años (y potenciado al extremo durante el último lustro) la omnipresencia de pandillas y grupos de izquierda condicionando rectores, sentencias en juicios, planes sociales, cargos burocráticos, filmes, cátedras, leyes, subsidios, fabricación de feriados y cualquier etcétera posible, ha sobrepasado ya holgadamente el límite de la sana tolerancia, el sentido común, y la lógica más elemental.

Cuesta entender como tras el fracaso mundial en el que ha incurrido el régimen comunista (derrota formalizada y simbolizada con la caída del Muro de Berlín en 1.989), sus adherentes, en vez de efectuar un riguroso acto de constricción y reflexión mudando de tan horrorosa ideología hacia aquellas que han demostrado eficacia y vigencia, prosiguen aferrándose al marxismo y sus derivados a modo de masoquismo intelectual o espiritual.

De todos modos y a pesar de su insistencia en permanecer en el desacierto, existe en los numerosos prosélitos de este espectro ideológico una notable gama que va desde aquella izquierda rabiosa, hasta aquella otra cuya militancia se presenta ante la opinión pública con un tinte presuntamente moderado y académico conocido como “progresismo”, tal el apodo aplicado para atraer la simpatía de los idiotas útiles.

En cuanto a la izquierda furiosa y de impronta radicalizada, según lo describe la fastuosa pluma del Profesor Antonio Caponnetto, la misma está compuesta por variados grupos que “Ideológicamente hacen gala de anarquismo y marxismo explícitos, de guevarismo y comunismo directo y brutal, y de una forma mentis signada por la promiscuidad, el hampa, la roña moral y física, y el odio a todo lo que represente la más elemental noción de autoridad humana o divina. Son en sentido estricto, irrecuperables hordas rojas, llámense quebrachos, polos obreros, corrientes clasistas y combativas, izquierdas unidas o delincuentes rejuntados” (1)

En tanto, el “progresismo” (versión izquierdista de apariencia civilizada), no osa confrontar o cuestionar de manera abierta el Derecho de Propiedad (aunque se lo relativice) ni la Economía de Mercado (aceptada como medicina amarga) e incluso han virado el debate hacia un costado menos economicista haciendo hincapié en aspectos culturales o morales. Los objetivos de sendos grupos suelen ser los mismos. Los métodos, distintos.

Siguiendo la pluma del citado profesor Caponnetto, a este último espectro, lo componen por igual “funcionarios y piqueteros, periodistas y legisladores, partidócratas y punteros de comité, abortistas y manfloros, sedicentes defensores de los derechos humanos y esa inmensa ralea en la que tanto cabe el cantautor como el comunicador social, el universitario progresista, el marginal salteador, el atildado dirigente oficial, el curerío apóstata, los jueces garantistas y la turba juvenil o senil a la que han llenado el alma de resentimientos e historias mendaces” (2)

Complementando esto, ese estupendo pensador y sociólogo que es Juan José Sebreli, nos define al progresismo argentino como una “franja compuesta por un sector de la clase media semiculta de los grandes centros urbanos, agrupada bajo la denominación vagarosa de “progresismo”…Sus principios confusos y contradictorios, mezcla de ingenuidad e hipocresía, de contestación y conformidad con las bogas vigentes y beata devoción por las “buenas causas”, asemejan a los progresistas de hoy a los “idiotas útiles” de los tiempos dorados del estalinismo. “Los progresistas inciden en la opinión pública, ya que muchos son profesores, escritores, periodistas, psicoanalistas, artistas, comunicadores sociales, a los que se suman ricos con sentimiento de culpa, o gente exitosa en el mundo del espectáculo, el deporte o los negocios. Para muchos de ellos, el progresismo, en la acomodada madurez, representa la fidelidad al ultraizquierdismo cultivado en su juventud.

Rasgos característicos del progresismo son la confusión entre la moral y política, entre moral y economía, el rechazo por toda forma de realismo político, la sustitución de los análisis concretos por la denuncia y la lamentación, el reemplazo de propuestas viables por la sujeción a principios abstractos, a bellos deseos imaginarios, una obstinada negación a ver la cruda realidad y una memoria histórica maniquea y distorsionada…

La indignación del progresismo es una actitud moralista y sentimental que, en abierta contradicción con el marxismo clásico, consideran reaccionaria la preocupación por los datos de la economía, por los fríos y deshumanizados números…El progresismo, que nada aprende, repite eternamente los mismos errores y su arrogancia no le permite admitirlos, prefiere creer que fue traicionado por estos partidos aunque las expectativas no cumplidas solo estaban en su propia imaginación y no en la voluntad de los dirigentes políticos; el engaño será siempre posible mientras existan quienes desean ser engañados y necesitan engañarse a sí mismo” (3)

Para mal de males, si alguien osa denunciar la presencia de estas infelices comparsas ideológicas en el desalentador escenario político contemporáneo, los acusados salen al ruedo denunciando al vacío una conspiración “macartista” y alegando un discurso vagaroso nutrido de una fraseología repartidora y distribuidora de culpas afirmando que “es el fin de las ideologías” (metiendo a todas ellas en una difusa licuación derrotista) cuando en verdad, prima facie, solamente era el fin de la ideología comunista que había fracasado, pero no de las exitosas que perduraron.

Dentro de esta estrategia disuasiva, se sigue diciendo que las categorías “derecha-izquierda” son caducas; pero sin embargo, los izquierdistas insistentemente tildan de “derechista” a todo aquel que no piense como ellos, lo cual resulta contradictorio, puesto que como el concepto ¨derecha¨ se vincula necesariamente con el de ¨izquierda¨, al declararse que la “izquierda” después de la caída del Muro de Berlín ha desaparecido, por lógica debería dejar de usarse la palabra ¨derecha¨. Asimismo, el término “derecha” nunca es definido de manera concreta o taxativa, y se suele llamar de ese modo a todo aquel que no sea de izquierda.

¿Y por qué a pesar de los hechos concretos de la realidad se prosigue en esa tozudez irreflexiva rayana en la locura consistente en sostener y defender una posición comprobadamente inútil y fracasada?

Sin excluir otras causas, notamos que por regla general se puede ser de izquierda por tres factores concretos:

A) Por error ideológico y/o doctrinal. Algo relativamente frecuente, así como de fácil corrección en las personas de buena fe que abrazan ideas de izquierda suponiendo que en ellas está la prosperidad y solución a los males. Tanto sea por sana pedagogía, contacto con bibliografía de contenido sensato, por corrección fraterna de algún amigo o allegado, por madurez psíquica o por mantenimiento del contacto con la realidad, el desvío ideológico puede y suele ser subsanado en el corto o mediano plazo sin demasiados inconvenientes.

B) Por resentimiento. Esto es mucho más difícil de solucionar y ha sido analizado extensamente por pensadores de la talla de Robert Nozick y Von Mises. Este último, nos enseña que ¨Está uno resentido cuando odia tanto que no le preocupa soportar daño personal grave con tal de que otro sufra también. Gran número de los enemigos del capitalismo saben perfectamente que su personal situación se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico (...). Cuántas veces oímos decir que la penuria socialista resultará fácilmente soportable ya que, bajo tal sistema, todos sabrán que nadie disfruta de mayor bienestar!¨ (4)

Es dable aclarar que el resentimiento del individuo no debe ser visto como una consecuencia necesaria del fracaso personal (todos los mortales en mayor o menor medida tenemos frustraciones y objetivos inconclusos) puesto que los hombres rectos y desprovistos de esta perturbación pueden perder y aceptar con hidalguía la adversidad.
El resentido, en cambio, ante la incapacidad para tolerar sus infortunios se refugia en los anestésicos y embriagantes desvaríos izquierdistas para aminorar la angustia interna provocada por sus naufragios. En esta situación, y como bien lo define el ensayista Enrique Arenz, el izquierdismo se constituye en un “retardo madurativo”.
En este acápite, a diferencias del punto “A”, ya no se trata sólo de presentarle al izquierdista argumentos razonables y lógicos para recuperarlo del error, ya que la lógica y la razón se estrellan ante la ceguera proporcionada por el dogmatismo ideológico que además le sirve de alivio para apalear su malestar interno. Por ende, la tarea de reencauzamiento ha de ser minuciosa, prolongada en el tiempo y con no pocas probabilidades de fracaso.

C) Por conveniencia patrimonial. Ya que siendo de izquierda se abren inacabables puertas para “trabajar en política”, en secretarías burocráticas, obtener cátedras, cargos en O.N.G.s “humanistas” (muchas veces subsidiadas por el Estado), facilidades para llevar adelante actividades “artísticas”, periodísticas, impunidad ante la comisión de determinados delitos, premios literarios otorgados precisamente por “academias” o institutos conformados por izquierdistas que se aplauden entre ellos y obviamente, generosos espacios en los medios de comunicación social. Al presentarse alguien en sociedad como “izquierdista”, de inmediato se posee la presunción de que sus actividades (en la materia que fueren) son de gran valor y profundidad intelectual.

La izquierda, comprobadamente no sirve ni nunca ha servido para nada (excepto para engendrar daño). Si existen tantos militantes al servicio del error empíricamente ratificado, además de las aristas expuestas, cabría agregar un dato más:
Las ideas de izquierda no se suelen juzgar en función de sus infructuosos resultados, sino en función de la aparente bondad de sus objetivos. El problema, además, radica en que los objetivos son tan aberrantes como los resultados mismos de sus acciones. Pero ello ya es harina de otro costal.

* Nicolas Marquez es abogado y autor de los libros “La Otra Parte de la Verdad” y “La Mentira Oficial”.
(1) Kirchner Jefe y Garante del delito, Antonio Caponnetto– oct/nov 2005)
(2) Estado de Descomposición, Antonio Caponetto -marzo abril 2004).
(3) Crítica a las Ideas Políticas Argentinas, Juan José Sebreli - 2003).
(4)La mentalidad Anticapitalista, Ludwig Von Mises –edición Bolsa de Comercio 1979)



Fuente:
http://www.hacer.org/current/ARG273.php

sábado 23 de mayo de 2009

Se cuidan de decirlo... pero casi siempre se les escapa. Por Horacio R. Palma


Qué cosa con el progresismo vernáculo, ¿no?
Curiosamente, Latinoamérica tiene un "progresismo" que atrasa.
Y curiosamente, Latinoamérica tiene un "progresismo" ahíto de prejuicios.

Desde hace muchos años, cuando comencé a publicar mis opiniones en el diario "progresista" y centenario de Gualeguay, dirigido desde siempre por un Radical histórico, vengo soportando la intolerancia de los "tolerantes" y los prejuicios de los "modernos".

Ah, si. Porque mientras en el país, el ahora denominado "padre de la democracia", recitaba el preámbulo de nuestra Constitución Nacional a los gritos, y nos aseguraba que con La Democracia se come, se educa y se vive... a mí, cuando se me ocurrió criticar la economía radical, el director del diario me dijo de muy buenas maneras: Mirá Horacio, no lo tomes a mal... pero andá a escribir a otro lado. Claro que por entonces, en Gualeguay, no había "otro lado" donde escribir.
Y obviamente... no le estoy echando toda la culpa a Alfonsín.

Supongo que en nuestro pueblo, la intolerancia de los "tolerantes" y los prejuicios de los "progre", nos juntaron a varios en el Semanario Gualeguay al Día, donde su director impuso una línea editorial clara: Mientras escribas con respeto, se publica todo.

Así es como uno puede encontrar en sus páginas, a ex intendentes radicales, a militantes de la izquierda más combativa, a moderados de toda la vida... o a mí.
Si bien el Semanario es un espacio dónde todos pueden escribir sus pensamientos en libertad, el "progresismo" vernáculo no se cansa en su intento de hacerlo callar. ¿En qué quedamos? ¿Y eso de la libertad por la que ustedes "lucharon"?

Un ejemplo claro de los prejuicios profundos del "progresismo" vernáculo, es el odio viceral hacia la religión. Basta que alguien hable de su religión, para que al "progresismo" se les paren los pelos.
Y no tienen distingos. Les molesta Bergoglio tanto como el Rabino Bergman.

Es difícil de creer... pero es así. Y es así, porque el "progresismo" en Latinoamérica es un disfraz infame que utilizan los más intolerantes.

Si uno escucha o lee el discurso rococó del "progresismo" vernáculo, se topa a cada rato con ciertos tópicos con los que los "progre" agreden a los que no piensan como ellos. Así, quienes piensan distinto son tildados de: Fachos, cipayos, intolerantes, vendepatrias, oligarcas, prejuiciosos... y otros muchos epítetos por el estilo.

Es que lo intolerantes son ellos. Los que piden a gritos la censura... son ellos. Los que enarbolan otras banderas... son ellos. Los que revientan de prejuicios... son ellos. Y los que cobran sin reparos indemnizaciones en dólares... son ellos.

Hace unos años, los campeones de la tolerancia... destrozaron el edificio de la Esma, y ellos, que siempre acusan de vendepatria a los demás, arriaron aquél día la bandera Argentina, e izaron la bandera comunista con el logo del Che Guevara.

Ayer, en un acto en la República de Uruguay, los "progre" del Frente Amplio, que acusan a los demás de cipayos y vendepatria, izaron la bandera comunista junto al monumento de Artigas.

Cuidado, dentro del "progresismo" vernáculo, se esconden los sectores más intolerantes, prejuiciosos y violentos de nuestra sociedad.

Se cuidan bien de decirlo, sí... pero casi siempre se les escapa.

Blog: Ramos Generales

miércoles 25 de febrero de 2009

Progresismo


Lo que se debe hacer en la Argentina con los progres: Perderles el respeto y mandarlos a la mierda.

La gente se cree que el progresismo es una opción ético-política, cuando en realidad es una enfermedad mental.

O mejor, un síntoma.

Suele pasarles a fracasados vitales que convierten su insatisfacción en ideología, y como están siempre "moralmente indignados" por las injusticias que se cometen cuanto más lejos mejor, se quedan muy jodidos cuando tienen que asumir la realidad inmediata.

Afortunadamente siempre hay de qué quejarse y poder proyectar la angustia. El problema es que a veces la realidad se impone y no les queda más remedio que recurrir a la mentira descarada.

El problema es que estas gentes son muy hábiles en abusar de la buena educación de los demás.

Perdedles el respeto; mandadles a la mierda.
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http://argentinidad.org.ar/progresismo




viernes 20 de febrero de 2009

AYUDA MEMORIA


DIEZ OLVIDOS


No pasa día —en rigor, no pasa hora— sin que desde todos los medios masivos a su disposición, las izquierdas gobernantes y cogobernantes vuelvan una y otra vez sobre la condena del Proceso y de la Guerra Antisubversiva. Como tampoco pasa una hora sin que desde alguna instancia más o menos jurídica, nacional o transnacional se intente o se ejecute una nueva estrategia para mantener a los presuntos o reales represores de la guerrilla en permanente estado de acusación.

Las respuestas y las reacciones que se suscitan ante tal estado de cosas están lejos de ser satisfactorias. Empezando por las respuestas de los jefes castrenses, que han optado entre entregarse sin combatir, a expensas de su honor, asociarse vergonzosamente al enemigo sirviéndole de guardia pretoriana o de embajadores, o proferir discursos pacifistas. El resultado es una confusión tan multiforme, una mentira tan honda y una falsificación tan sistemática de la historia, que nos parece oportuno presentar la siguiente enunciación de olvidos:





1.- Se ha olvidado, en primer lugar, la existencia del Comunismo Internacional, con su secuela de cien millones de muertos durante el siglo XX. La cifra no es arbitraria, ni retórica ni antojadiza. Es el resultado de un cálculo científico, corroborado tras prolijas y actualizadas investigaciones de carácter demográfico, en una voluminosa obra escrita por seis autores insospechados de antimarxismo: El libro negro del Comunismo, Barcelona, Planeta-Espasa, 1998, en su versión castellana.

Los profesionales de la protesta antigenocida, tan prontos a blandir cantidades más emblemáticas y falsas que reales, (como las de los seis millones del Holocausto o la de los treinta mil desaparecidos), no han dicho una sola palabra a propósito de tan monstruosa constatación. Entre el 12 y 14 de junio de 2000, en Vilnus, Lituania, tuvo lugar el Primer Congreso Internacional sobre la Evaluación de los Crímenes del Comunismo (CIECC), organizado por la Fundación de Investigación de Crímenes Comunistas presidida por Vytas Miliauskas. No se ha visto ni se verá jamás allí a representante alguno de las agrupaciones defensoras de los derechos humanos, ni al juez Garzón y sus múltiples secuaces nativos y foráneos. Con lo que se constata una vez más —sin que haga falta— que los invocados derechos no son más que un recurso dialéctico de la Revolución, y que las tales agrupaciones que los invocan no han nacido sino para custodiar los intereses de la praxis marxista. Lo cual —pongámonos de acuerdo— no sería incoherente ni lo más grave si no mediara el hecho de que los mencionados ideólogos y agitadores insisten en presentarse como pacíficos ciudadanos preocupados por cualquier atentado de lesa humanidad.





2.- Se ha olvidado, en segundo lugar, que al amparo de aquella estructura ideológico-homicida apareció en la Argentina el fenómeno del terrorismo marxista, responsable de innúmeros actos delictivos y sanguinarios, y causa eficiente de la guerra revolucionaria, a la que toda Nación así agredida está obligada a enfrentar, aún con el concurso de sus Fuerzas Armadas. No fue un hecho aislado ni eventual ni azaroso ocurrido en nuestro país; fue parte de una planificada y cruenta operación extendida —sucesiva y simultáneamente— por toda América y por otras regiones del mundo.

La Argentina no vivió una guerra civil. Fue agredida desde las usinas internacionales del marxismo con el concurso de subversivos vernáculos.





3.- Se ha olvidado, en tercer lugar, que el susodicho terrorismo no fue sólo ni principalmente físico, sino psicológico, político, económico y moral, buscando como blanco antes las almas que las armas. El término subversión —hoy olvidado— da una idea exacta, en recta semántica, de lo que aquella planificada ofensiva comunista quería conseguir y consiguió. El terrorismo resultó derrotado, pero la subversión campea victoriosa, gobierna y justifica y legitima ahora a los terroristas. Este triunfo subversivo —que está instalado en todos los ámbitos, desde el universitario hasta el eclesiástico, desde el periodístico hasta el gubernamental— fue consecuencia directa de la imperdonable ceguera e ignorancia doctrinal de las Fuerzas Armadas, a través de sus sucesivas conducciones, partícipes todas de la cosmovisión liberal, progresista y moderna de la política. Prefirieron proclamar que los argentinos eran derechos y humanos —pagando tributo a las categorías mentales del enemigo— cuando lo que correspondía era saber definirse contrarrevolucionarios.

Prefirieron tener por fin la democracia antes que la patria. La paradoja es que los titulares de aquellos gobiernos militares, miopes y cómplices del error no son enjuiciados ni castigados, como debieran serlo, por causa de esta derrota contra la subversión, sino en razón de su victoria contra el terrorismo.





4.- Se ha olvidado, en cuarto lugar, que tanto la subversión como el terrorismo contaron con el apoyo explícito e incondicional de las genéricamente llamadas agrupaciones internacionales de solidaridad. Principalmente de la célula Madres de Plaza de Mayo, cuyas integrantes —que manejan ahora hasta el funcionamiento de una "universidad", y que han sido insensatamente promovidas, homenajeadas y hasta recibidas en los ámbitos presidenciales— no dejan posibilidad alguna de duda sobre sus propósitos a favor de la lucha armada. Tampoco esto nos parece incoherente o lo más grave, sino el hecho de que se pretenda presentar a las Madres como modelos de la defensa de la vida y de la libertad. Hay que decirlo de una buena vez: Madres, Abuelas e Hijos son tres agrupaciones terroristas que gozan de impunidad, y hasta cuentan en algunos casos con subsidios estatales, llamados eufemísticamente indemnizaciones.

Si las cosas se hubieran hecho bien, si una inteligencia cristiana hubiera comandado aquellas acciones bélicas, y una voluntad auténticamente castrense las hubiera consumado, no habrían existido desaparecidos sino ajusticiados, como consecuencia de una límpida, pública y responsable acción punitiva.

Es posible, se dirá, que las Madres de Plaza de Mayo hubieran existido igual sin desaparecidos, pues su propósito institucional —quedó después en claro— no era recuperarlos sino apoyarlos y encubrirlos, desde la apelación a lo emocional hasta el uso de las armas. Pero si quienes libraron la guerra justa contra la subversión se hubieran abstenido de utilizar algunos de los mismos procedimientos perversos del adversario, su triunfo moral sobre ellos sería hoy apabullante e incuestionable.





5.- Se ha olvidado, en quinto lugar, que los soldados argentinos que combatieron en la ciudad o en los montes, bajo las formas más o menos clásicas de la guerra o las atípicas que el partisanismo impone, perdiendo por ello sus vidas o arriesgándose a perderlas, merecen la gratitud y el aplauso, el trato heroico y el reconocimiento de su valor. Ellos y sus familias vivieron múltiples peripecias y situaciones de riesgo, hasta que —muchos— cayeron en combate o quedaron gravemente mutilados.

Libraron el buen combate sin ensuciar sus uniformes ni sus conductas. Sus nombres y los de las batallas en las que actuaron no pueden ser suprimidos de la memoria nacional, como vilmente viene sucediendo.





6.- Se ha olvidado, en sexto lugar, que no toda acción represiva es inmoral, y que aún del hecho de una represión ilícita no se sigue la inocencia de quienes la hayan padecido.

Ambas cosas sucedieron en nuestro país.

Hubo una represión del terrorismo perfectamente legítima y encuadrable dentro de los cánones de la guerra justa. Y hubo una represión —aconsejada por los eternos asesores de imagen que continuamente proporciona el poder mundial para estas ocasiones— que violó las normas éticas, siempre vigentes, aún en tiempos de conflagración, desnaturalizando aquella contienda y enlodando a quienes la ordenaban.

Mas por enorme que resulte el repudio a aquel modo torcido de reprimir el accionar terrorista, ello no convierte en inocentes a todos aquellos sobre los cuales se ejecutó, ni en torturadores a todos aquellos militares que pelearon. Sin mengua de que hayan podido resultar lesionados algunos inocentes, hubo culpables reprimidos lícitamente y culpables reprimidos ilícitamente. Pero lo más penoso, es que hubo grandes culpables protegidos. Después, y hasta hoy, ocuparían los cargos más encumbrados del Estado. Muchos altos jefes de las FF.AA. deberían responder por esta altísima traición a la patria.





7.- Se ha olvidado, en séptimo lugar, que no existió ninguna dictadura militar ni ningún genocidio. Debió existir la primera —posibilidad prevista en la vida política de una nación y en las formas gubernamentales de emergencia en tiempos de anarquía— como respuesta necesaria y oportuna a la situación extraordinaria que se vivía entonces.

Contrariamente, las sucesivas cúpulas castrenses procesistas se declararon en pro de "una democracia moderna, eficiente y estable", y se comportaron como una variante más del Régimen: la del partido militar. Hasta que trasladaron mansamente el poder al más conocido picapleitos del sanguinario jefe erpiano. La imagen de Bignone entregando satisfecho el mando a Alfonsín, defensor de Santucho, es el símbolo más elocuente de la inexistencia de dictadura castrense alguna, y la prueba más patética de la existencia de una connivencia oprobiosa entre aquellas mencionadas cúpulas procesistas y los mandos subversivos.

Así como no hubo dictadura no hubo genocidio, pues muertos por procedimientos lícitos o ilícitos, los guerrilleros abatidos no fueron perseguidos por cuestiones raciales o étnicas, sino por constituir un ejército invasor, de raigambre internacionalista, durante una contienda iniciada formalmente por ellos. Todas las comparaciones que se hacen entre el Proceso y el Nacionalsocialismo, resultan ridículas, falaces, desproporcionadas y carentes de sustento. Tanto por la falsificación que comporta de los hechos argentinos como por la exageración de los hechos ocurridos en la Alemania del Tercer Reich. La estúpida analogía no es más que propaganda comunista para consumo de ignorantes y de mendaces.





8.- Se ha olvidado, en octavo lugar, que no hubo un terrorismo de Estado sino una cobardía de Estado; del Estado Liberal concretamente, incapaz de hacerse responsable —con nombres y apellidos al pie de las sentencias— de las sanciones penales públicas más drásticas, perfectamente aplicables en tiempos de guerra contra un invasor externo con apoyos nativos. Pero más allá de esta cobardía repudiable, no puede establecerse ninguna simetría entre el Estado agredido que justamente se defiende y preserva, y la acción disociadora de las células guerrilleras, que pretendían constituirse en un Estado dentro del Estado. Hubo acciones represivas del Estado Argentino perfectamente plausibles, como la intervención militar en Tucumán con el Operativo Independencia. Y otras medrosas e indignas, según las cuales, la clandestinidad y la "ofensiva por izquierda" eran preferibles a la reacción diestra y nítida.





9.- Se ha olvidado, en noveno lugar, que no existieron campos de concentración ni holocaustos de ninguna especie. En todo caso, tan mal pudieron pasarla los guerrilleros detenidos como los secuestrados en las cárceles del pueblo. Los casos de Larrabure e Ibarzábal seguirán siendo terriblemente paradigmáticos al respecto.

La tortura es un procedimiento inmoral, aunque quepan algunas distinciones casuísticas sobre la aplicación de los castigos físicos. Mas no existe un determinismo que convierte a todo militar en un torturador, sino una naturaleza humana caída que puede degradar al hombre, cualquiera sea el bando al que pertenezca. La dialéctica que hace del militar un torturador y un secuestrador de criaturas y del guerrillero una víctima mansa e indefensa, no resiste la menor confrontación con la realidad y es parte constitutiva de una nueva y grosera leyenda negra. Pero también debe decirse que no toda medida de contención física de un delincuente es tortura, ni lo es todo interrogatorio de un culpable, y que resulta una hipocresía inadmisible escandalizarse por la falta de un trato humano después de habérselo negado a otros.





10.- Se ha olvidado, en décimo lugar, que no eran alegres utopías las que movilizaban a los cuadros guerrilleros sino un odio visible sostenido en una ideología intrínsecamente perversa. No eran tampoco desprotegidos y desguarnecidos corderos, a merced de una jauría desenfrenada de soldados, sino tropas fríamente adiestradas y entrenadas para matar y morir. Ninguna inocencia los caracterizaba.

Ningún atenuante los alcanza. Secuestraron y maltrataron a sus víctimas horrorosamente; extorsionaron y se desempeñaron como victimarios de su propio pueblo; practicaron el sadismo entre sus mismos compañeros de lucha; tuvieron sus centros clandestinos de detención; arrojaron a muchos jóvenes y hasta adolescentes al combate, utilizando después sus muertes como propaganda partidaria y como argumentos sentimentales contra la represión. Y no se privaron de escudarse en sus propios hijos para propiciar sus fugas o para cubrirse en las refriegas, dejándolos abandonados en no pocas ocasiones. Esos hijos por los que hoy se reclama fueron, en algunos casos, abandonados por sus mismos padres, después de haberlos usado como coartada, tal como surge con toda claridad de muchas de las actuaciones judiciales respectivas. No todo hijo de desaparecido fue arrancado de sus padres, adulterado en su identidad y entregado en tenencia a una familia sustituía. Muchos fueron abandonados por la pareja de guerrilleros que eventualmente los tenía consigo o que los había engendrado. Y fueron recogidos, adoptados y criados con las mejores intenciones por abnegados ciudadanos o por solícitas familias castrenses.





Queden señalados esquemáticamente estos olvidos. No son los únicos sino los que conviene recordar en los duros momentos actuales. Queden señalados, porque recordar es un deber, y olvidar es una culpa. Queden señalados, porque sin la memoria intacta y alerta no se puede marchar al combate. Y el combate aún no ha terminado.


Antonio Caponnetto







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"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Jn 14,6

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